Lentamente dándole la espalda a Trump

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Por José López Zamorano
Para La Red Hispana
 

 

 

 

Un dato objetivo refleja el ánimo nacional después de los primeros siete meses de la presidencia de Donald Trump: más de dos terceras partes de los votantes en tres de los estados que ganó en el 2016, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, se sienten avergonzados por su comandante en jefe.
 
En un revés histórico para los demócratas, Trump se convirtió en noviembre pasado en el primer republicano en ganar los tres estados desde 1980, durante las elecciones conquistadas por un ex actor y político de California llamado Ronald Reagan.
 
Pero bastaron siete meses y los sucesos de Charlottesville, para que una mayoría de los electores de esos estados dieran la espalda a un presidente que conmocionó a una gran parte de la nación –y del mundo— al equiparar moralmente a supremacistas blancos con manifestantes antirracistas.
 
Ni la clarificación posterior, ni su cambio de tono en las nuevas protestas de Boston el fin de semana hicieron la diferencia: Trump provocó la desbandada de los miembros de sus consejos de asesoría empresarial, críticas de republicanos y un sentido generalizado de que carece de una brújula moral.
 
Media docena de organizaciones de escala nacional, incluida la Cruz Roja de Estados Unidos, decidieron distanciarse también del presidente y cancelaron eventos programados en Mar-A-Lago, la casona propiedad de Trump en una exclusiva zona de Palm Beach.
 
Ni la salida de su estratega Steve Bannon, un personaje emblemático de las posiciones xenófobas y populistas abanderadas por Trump desde su campaña presidencial, calmaron el sentir de indignación que muchos estadounidenses resienten por la percepción de que su presidente está en el lado equivocado de la historia.
 
Y es que la salida intempestiva de Bannon no fue vista como resultado de discrepancias ideológicas entre el presidente y el arquitecto de la recta final de la campaña presidencial que lo llevó a la Casa Blanca, sino como un ajuste de cuentes con alguien que lo contradijo en su política hacia Corea del Norte y que se ufanaba de ser el poder tras el trono.
 
No fue sorpresivo que The New York Times se convirtiera en el primer medio de influencia que declarara como “fallida” la presidencia de Trump. “En lo esencial, estamos aquí: una nación encabezada por un príncipe de la discordia que parece estar divorciado de la decencia y del sentido común”, escribió su junta editorial.
 
Es posible sin embargo pensar en el escenario alternativo de que la presidencia de Trump se encuentra en un punto de inflexión que lo puede llevar a corregir el rumbo, a alejarse de las corrientes más radicales de la derecha y acercarse a un centro político que le permita construir consensos en los temas que importan: salud, migración y empleos.
 

Qué mejor manera de empezar esa corrección de rumbo con un gesto simbólico en un tema donde grandes mayorías apoyan una salida humanitaria: la extensión de las protecciones a los 800,000 beneficiarios de DACA. Nunca es tarde para hacer lo correcto.