Un perdón imperdonable


Por José López Zamorano
Para La Red Hispana

 

 

 

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Aún quienes creemos que todas las personas merecen una segunda oportunidad, el perdón del presidente Donald Trump al ex alguacil del condado de Maricopa, Arizona, Joe Arpaio, pasará a los anales de la política de los Estados Unidos como una de las más claras afrentas no sólo contra la comunidad latina, sino contra las normas elementales de la dignidad.
 
A sus 85 años de edad, Joe Arpaio no es sólo un anciano que mostró con sus dichos y acciones un alto grado de desprecio por las minorías, era una autoridad legalmente constituida que durante sus seis mandatos como alguacil se dedicó metódica y sistemáticamente a violar los derechos constitucionales de los latinos.
 

Desde 2011, el ahora ex alguacil Arpaio fue acusado por el Departamento de Justicia de Eric Holder de utilizar su cargo público, incluidos sus agentes policiales, para establecer una cultura de discriminación contra los hispanos, que caían presos en las redes de las redadas del alguacil simplemente por parecer latinos.
 
A pesar de que un juez federal dictaminó en varias ocasiones que Arpaio y sus alguaciles incurrieron en violaciones constitucionales por sus políticas de detención de latinos, el alguacil Arpaio tomó la decisión no sólo de ignorar sino de burlarse del poder judicial, de allí que haya sido encontrado en desacato y convicto.
 
Las secuelas de los incidentes de Charlottesville y las duras críticas que recibió el presidente Trump por su respuesta tibia y ambigua fueron vistas por mucho como un posible parteaguas que marcaría a su presidencia y que lo haría recapacitar en su papel como líder moral del país y no sólo como presidente de quienes votaron en su favor en noviembre.


Pero el perdón presidencial a Joe Arpaio confirma que el presidente Trump decidió continuar siendo un factor de división y polarización nacional, y con en el factor de unidad y reconciliación que los Estados Unidos necesitan para sanar las heridas raciales que rasgan el tejido social.


La condena de organizaciones de defensa de los derechos civiles y de las minorías, así como de líderes políticos, legisladores demócratas y activistas progresistas fue inmediata y predecible. Pero llama la atención que el propio presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, se declaró en contra del indulto presidencial a Arpaio.
 
Trump no sólo indultó a una persona que desacató un fallo judicial, sino que, de acuerdo con The Washington Post, inquirió al Procurador de Justica, Jeff Sessions, para ver si era posible echar por tierra el caso criminal contra Arpaio, un dato que podría tener implicaciones legales, aun cuando la Casa Blanca ha intentado minimizar las acciones del presidente.
 
Con su indulto a Arpaio, Trump ha premiado la lealtad y el apoyo político de un hombre a quien considera un héroe nacional. En contraste, para muchos en la comunidad latina, la decisión presidencial fue una clara confirmación que su corazón está del lado de quienes incitan el odio y las tensiones raciales, y que muestran un abierto desprecio por la cultura de la legalidad.