Solidaridad Fronteriza

Por José López Zamorano

La crisis de refugiados en Siria detonó en días pasados una natural solidaridad internacional. Las imágenes del deceso de Aylan, el pequeño sirio de 3 años cuya embarcación sucumbió en las costas de Turquía, fue un llamado de alerta a la conciencia internacional sobre la responsabilidad de los gobiernos para asistir a los más vulnerables de nuestra sociedad.

Alemania anunció su disposición a aceptar hasta 500,000 refugiados al año. Estados Unidos, que el año fiscal pasado sólo aceptó a 1,500 sirios por razones de seguridad nacional, aceptó sextuplicar esa cantidad a 10,000 para 2016. Varios países latinoamericanos como Venezuela, México y Chile hicieron ofrecimientos para acoger refugiados.

El mismo día que el secretario de Estado John Kerry visitó el Congreso para discutir el nuevo techo de refugiados internacionales para el año 2016, tentativamente de 75,000, un grupo de misioneros y activistas centroamericanos llegó al mismo Capitolio para pedir a los legisladores estadounidenses una atención similar a los hermanos de Honduras.

Más de medio millón de hondureños viven en Estados Unidos y más de la mitad de ellos son inmigrantes indocumentados. El año pasado fueron deportados más de 40,000 que intentaron ingresar de manera ilegal a este  país, muchos de ellos menores de edad.

Los sacerdotes y activistas  desean que el gobierno del presidente Barack Obama conceda a los desplazados de Honduras el mismo beneficio que otorga alguien que huye de la violencia en países como Siria: la oportunidad de probar si tienen un reclamo legítimo de asilo político, antes que repatriarlos de manera sumaria a sus países a enfrentar la violencia de las pandillas y del crimen organizado.

Jim McGovern, el congresista demócrata de Massachusetts que fue anfitrión del foro, reconoció que Estados Unidos tiene que hacer un mejor trabajo para atender las necesidades de los migrantes de Centroamérica, especialmente de Honduras, Guatemala y El Salvador.

“Encuentro particularmente irónico en este momento, cuando muchos de mis colegas están hablando de la necesidad de que Europa asuma una mayor responsabilidad de los refugiados que salen de Siria… cuando se trata de un grupo mucho más pequeño de migrantes de América Central, especialmente niños, esos mismos miembros del Congreso dicen que no pueden hacer nada”,  lamentó.

El legislador McGovern tiene razón. Se trata de un doble estándar que debería ser corregido. Los activistas sólo piden un trato digno y humanitario para los migrantes de América Central. Nada más y nada menos. En su opinión, la oportunidad del Congreso para enmendar el problema se encuentra en una política migratoria más sensible y en la aprobación de los 1,000 millones de dólares solicitados por la Casa Blanca para lidiar con las causas de la violencia.

Y los latinos residentes de Estados Unidos tienen la oportunidad de solidarizarse con sus hermanos centroamericanos haciéndoles saber a sus congresistas que la solidaridad empieza por la casa del vecino.