Una tormenta perfecta


Por José López Zamorano
Para La Red Hispana

 

 

La trágica muerte de la joven promesa del béisbol, José Fernández, así como de dos de sus amigos, Eduardo Rivero y Emilio Jesús Macías, es un triste recordatorio de las innumerables vidas que se pierden en el mar por ignorar las reglas del sentido común, a pesar de las evidencias claras de la importancia de la seguridad del canotaje, de usar un chaleco salvavidas.

José Fernández tripulaba la embarcación a más de 65 millas por hora, de noche. Lo hacía, al igual que sus acompañantes, bajo los efectos del alcohol y, al menos dos de ellos, de la cocaína. Ninguno llevaba puesto chaleco salvavidas, de acuerdo con un reciente informe de las autoridades. José no pudo conocer a su primera hija, Penélope, nacida en febrero. 

La creciente popularidad del canotaje, incluido el llamado paddle boarding, y otras actividades acuáticas recreativas ha incrementado el número de muertes en el agua durante seis años consecutivos.  Toda muerte es un suceso lamentable, pero una muerte prevenible nos obliga a insistir en la importancia de acatar aquellas recomendaciones sensatas que salvan vidas y evitan tragedias innecesarias.

Ocho de cada diez muertes en el agua tienen un dramático elemento en común: Las víctimas no usaban chaleco salvavidas. Lo más paradójico y preocupante es que muchas de las embarcaciones implicadas en accidentes marítimos, sí cumplían con el requisito de llevar los chalecos salvavidas. Pero sus ocupantes optaron por no utilizarlos.

Si sumamos a la imprudencia de no llevar puesto el salvavidas, el consumo excesivo de alcohol, un factor adicional que nubla el juicio y la capacidad de responder con agilidad ante circunstancias imprevistas, tenemos los elementos de una tormenta perfecta, una que por desgracia deja un surco de sufrimiento duradero en incontables familias.

Pero la buena noticia es que hacer un deporte acuático o salir de paseo recreativo en lancha o bote con la familia para disfrutar la belleza de los ríos, lagos y los litorales de Estados Unidos, no tiene que ser una fatalidad. De la misma firma que los cinturones de seguridad han salvado a millones de automovilistas de un desenlace trágico, un chaleco salvavidas es el más barato seguro de vida.

Entiendo los argumentos de quienes creen que usar un chaleco salvavidas es incómodo, poco atractivo y costoso, o que no les permitirá dorarse al sol. Pero la próxima vez que tengan un remo en las manos o disfruten un paseo por el agua, piensen en las miles de madres que perdieron a un hijo, o a quienes perdió a sus hermana o hermanos, o a sus mejores amigos por una simple imprudencia. Usar un chaleco salvavidas es lo correcto, lo moral y no debe estar sujeto a discusión.