El arroz: un enemigo que acecha en silencio al cambio climático

El arroz: un enemigo que acecha en silencio al cambio climático

El cambio climático preocupa, y por ello se busca generar conciencia para detenerlo antes de que sea demasiado tarde, pues las consecuencias de su avance afectan a todas las especies del planeta e impactan fuertemente en nuestra salud.

Y aunque no lo creas… o te parezca raro, el arroz es uno de los enemigos número uno del cambio climático, pues su aporte negativo a los gases de efecto invernadero es altísimo y extremadamente dañino. Veamos.

En los últimos años se han llevado a cabo diversas investigaciones para determinar qué cosas afectan e impactan negativamente sobre el clima, y se descubrió que las plantaciones de arroz y el efecto invernadero están altamente vinculadas. ¿Cómo? Pues sucede que el cultivo de arroz emite óxido nitroso, otro gas muy importante en el efecto invernadero, que permanece más tiempo en la atmósfera y es además uno de los causantes del calentamiento global.

Los suelos arroceros son potenciales multiplicadores de las emisiones de óxido nitroso.

Efecto invernadero + Arrozales

Hay dos variantes en cuanto a las prácticas de cultivo de arroz que provocan daños a la atmósfera y al ecosistema:

  1. La quema de la paja de arroz. Se lleva a cabo para controlar enfermedades en las semillas y en los cultivos. Además de prepararse los campos para el siguiente ciclo de cosecha.
    Pero la quema de paja es sumamente dañina, pues al final se emiten a la atmósfera monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, de azufre, dioxinas, etc. Esos contaminantes asociados al mantenimiento de los campos de arroz generan contaminación local e impactan en la salud de las personas.

  2. La paja del arroz. Es la principal fuente de materia orgánica en estos campos de cultivo. Contiene carbono, silicio, potasio, nitrógeno, fósforo y azufre. Esto es importante porque son clave para el balance del silicio propio de los cultivos de arroz. ¿Por qué es perjudicial?

    La paja en el suelo provoca que crezca el contenido de materia orgánica del mismo y eso puede producir efectos adversos en el medio ambiente y en los ecosistemas.

Para evitar este tipo de contaminación es necesario establecer normas para que los campos de arroz cumplan y no provoquen severos daños al ecosistema. De hecho La Unión Europea ha apostado por regular unas ayudas específicas para los arrozales que se consiguen siempre y cuando se cumplan ciertos requisitos. Uno de ellos es el no quemar esos restos de paja. Lo que se hace ahora es mezclarlos con barro y aprovecharlos como fuente de fertilización orgánica.

Greenrice, ¿La solución?

España, Italia, Reino Unido y Francia están en busca de una nueva iniciativa más sustentable: el Greenrice. La idea es probar un método de cultivo alternativo y que se prevé afectará menos al medio ambiente. ¿En qué consiste? inundar los campos con entre dos y cinco centímetros de agua y dejarlos secar hasta que el suelo llegue al límite de humedad recomendable. Después volver a inundarlo. ¿Cómo afectará esto al efecto invernadero? Pues porque el consumo de agua caerá y bajará hasta un 48% la emisión de metano sin tener que bajar la producción, que era algo que preocupaba mucho a los productores y empresarios.

Ahora se espera llevar a cabo pruebas pilotos para determinar si efectivamente esta propuesta es válida como se piensa. España, Francia e Italia serán las primeras en probar hasta qué punto el arroz y el efecto invernadero va a reducir la tensión de esta relación perjudicial para el entorno. Esperemos los resultados sean prometedores y se pueda aplicar esta nueva técnica de plantación de arroz. De seguro el planeta nos lo agradecerá.

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